La custodia compartida ha pasado de ser la excepción a convertirse, en muchos juzgados, en la opción preferente cuando ambos progenitores demuestran capacidad para ejercerla. Pero seguir viviendo cerca del otro progenitor, tener horarios compatibles con el cuidado de los hijos y, sobre todo, mantener una comunicación mínima entre ambas partes siguen siendo los factores que más pesan en la decisión final.
Los jueces valoran también la edad de los menores, su opinión si tienen suficiente juicio, y los informes psicosociales cuando existen. La conflictividad extrema entre los progenitores puede, paradójicamente, hacer que un juez descarte la custodia compartida por considerar que perjudica al menor.
Si estás valorando solicitar la custodia compartida —o si el otro progenitor la ha pedido y no sabes cómo defender tu posición— conviene preparar la solicitud con tiempo: acreditar disponibilidad real, estabilidad y un plan de convivencia concreto marca la diferencia.